Carta N° 12. De cómo el omnipresente azar nos llevó a vivir a Buenos Aires. Queridos amigos: Luego de la muerte de mi suegro, para acompañar a mi suegra, nos instalamos provisionalmente en la casa de mi familia, en Las Mercedes, una casa muy grande, con piscina y con un jardín enorme muy bello. Cuando regresamos al apartamento de El Hatillo, Natalia se hizo accidentalmente una herida en la muñeca derecha, y luego de ser curada en una clínica en san Román, volvimos no a El Hatillo sino a Las Mercedes. Y terminamos instalados allí, no sólo porque estábamos ambos más cerca de los sitios de nuestras actividades cotidianas, sino porque no renovamos el contrato del pequeño apartamento de El Hatillo. En Las Mercedes estábamos cuando nació Natalia, nuestra bella hija mayor, y también cuando nació Guillermo, el mayor de nuestros hijos varones. En Las Mercedes estábamos cuando escribimos, Arturito Uslar y yo, Barrabasalia. Y en Las Mercedes fueron los primeros ensayos de la pieza. Y en Las Mercedes vivíamos cuando se inició el fárrago de la candidatura presidencia de Arturo Uslar Pietri, para las elecciones presidenciales de 1963. Y fue en esa casa, en la casa de mi familia en Las Mercedes, donde nació el Comité Independiente Pro Frente Nacional, que con el símbolo de la campana lanzó la candidatura de Arturo. Y fue en esa casa en donde esperé los resultados de esas elecciones, que para fortuna de Venezuela ganó Raúl Leoni. A Arturo, los partidos ya tradicionales (AD, Copei y URD) le escamotearon mediante fraudes buena parte de sus votos, pero en ningún caso tenía como para ganar, y ni siquiera para llegar de segundo. Es posible que si haya obtenido suficientes votos para ser el tercero, pero aquellas operaciones de los hábiles adecos, copeyanos y urredistas lo bajaron al cuarto lugar. Había sido el primero en Caracas y alrededores, y el tal comité, que después se transformó en partido con el nombre de Frente Nacional Democrático (FND), consiguió el control absoluto de los Concejos de Caracas y de Sucre (Este de Caracas), lo cual no dejaba de tener su importancia. Y fue en el Concejo de Caracas, mientras vivíamos en Las Mercedes, en donde se me dio un empleo. Se me nombró nada menos que Director de la Biblioteca del Concejo Municipal, lo cual, a pesar del pomposo nombre, no era sino una simple canonjía. No tenía yo función alguna, salvo instalarme en la biblioteca, en donde funcionaban la Comisión de Cultura el Cronista de Caracas, que era Enrique Bernardo Núñez, a conversar, o con Paco Vera, que presidía la comisión, o con Enrique Bernardo Núñez, el gran novelista y ensayista, que era el abuelo de mi primo Carlos Julio. Con él pasé ratos inolvidables, hablando de literatura. Era un hombre áspero y hasta con fama de antipático, y además no podía tenerle mucha simpatía a mi tío Carlos Augusto Casanova, que se casó con su hija mayor cuando su hija mayor tenía apenas quince años, y lo hizo en contra de la voluntad del padre de la niña. Pero conmigo se entendió de maravilla. Y ocurrió que una mañana, mientras me preparaba a conversar, que era mi única actividad en aquel sitio, se me presentaron dos amigos, dos compañeros de estudios: Emilio Figueredo y Luis Chalbaud. Iban a "hacer tiempo", porque a las diez los recibiría el Director de Protocolo de la Cancillería, debido a que estaban reclutando a los que acompañarían a las misiones extranjeras que vendrían a la toma de posesión de Leoni. Era un empleo de una semana, pero pagaban novecientos bolívares (yo ganaba mil doscientos al mes). De inmediato me uní a ellos, me tomé una fotografía en un "Photomaton" y me presenté con ellos a la entrevista. Emilio, que habla el francés a la perfección, fue designado agregado civil de la delegación de Haití. Luis, que habla a la perfección el Inglés, consiguió la delegación de Nigeria. Y a mi me ubicaron con los argentinos, que resultaron ser el Ministro de Educación y Justicia, Carlos Alconada Aramburu, y su asesor, Héctor Masnatta. Ambos encantadores, tal como sus esposas. El resultado de aquello fue que Natalia, que no quería seguir viviendo en Las Mercedes y se horrorizaba por mis actuaciones "políticas", nos convenció a los tres de que debíamos intentar que se me enviara a Buenos Aires. Y luego convenció a un cuarto y decisivo personaje: Ignacio Iribarren Borges, el Ministro de Relaciones Exteriores. El 15 de mayo salió mi nombramiento como Segundo Secretario de la Embajada de Venezuela en la República Argentina, y el 21 de junio viajamos, Natalia y yo y nuestros dos pequeños y adorables hijos, rumbo a Buenos Aires en un avión de Panamerican. Pero de eso les hablaré después. Salve Amigos. |