Carta N° 8. De cómo un periódico estudiantil cambió para siempre mi vida. Queridos amigos: En los días en que cayó la dictadura de Pérez Jiménez yo estudiaba (¡quién lo hubiera creído!) primer año de Administración Comercial y Contaduría en la Universidad Católica Andrés Bello, en las antiguas instalaciones del Colegio San Ignacio, en la esquina de Jesuitas. Gustavo Espinosa, que después fue mi concuñado, se propuso publicar un periódico estudiantil que cubriera las tres universidades caraqueñas (la Central, la Católica y la Santa María), y que también reflejara la unidad política que en aquellos momentos parecía indispensable. Así nació El Universitario, en el que trabajamos muchos estudiantes, entre ellos Carlos Julio Casanova, Santos Eduardo Escobar, Elmer Szabó, Juan Martín Echeverría, José Antonio Abreu y yo. Fue una buena iniciativa, muy seria, muy comedida y bastante bien llevada a cabo, especialmente por Gustavo, pero aquí lo que más interesa no es el aspecto periodístico (se imprimía en los talleres del Daily Journal y en verdad era una publicación atractiva), sino algo totalmente diferente. Y es que Gustavo me invitó, cuando sacamos el primer número, a viajar a Los Teques, en donde vivía su novia, María Teresa López Arocha. Le llevamos el primer ejemplar que salió de la imprenta, autografiado por casi todos los que trabajábamos en la iniciativa. Y así conocí a los López Arocha, Guillermo López Gallegos, abogado que había sufrido en forma terrible la persecución y la injusticia de la dictadura, su esposa, Emma Arocha de López, una mujer ejemplar que debió enfrentar la situación terrible que causaba la persecución de que era objeto su marido, y lo hizo con un valor y un tesón sencillamente admirables, y sus hijos, María Teresa, Marcos, Guillermo, Guillermo, Alejandro y Leopoldo. Sólo faltaba la mayor, Natalia, que año y medio antes había viajado con sus tíos, Paco Arocha y Tena Pérez Guerrero de Arocha, los tres hijos de ambos y la madre de Paco (y abuela de los López Arocha), Chea Rui de Arocha, que aprovechando el Año Sabático de Paco se fueron a pasarse un año en Europa, a España y a Inglaterra fundamentalmente. Poco después la familia López Arocha se mudó a Caracas, a Los Palos Grandes, a la casa de Mariano Medina Febres (Medo) y Margarita (Mañanita) Arocha de Medina, que fueron a vivir a Italia, en donde Medo actuó como embajador de Venezuela ante el Quirinale. Guillermo López había sido designado Juez de Familia, y de allí la mudanza. Varias veces los visité, o bien con Gustavo o bien con mi pariente Santos Eduardo Escobar. Era días complicados, en los que se había acentuado aquello de la doble o triple vida. Mis amigos intelectuales en su gran mayoría se ubicaban en la izquierda. Los no intelectuales, que en buena medida eran simpatizantes del fascismo, se ubicaban más bien en Copei, el partido Social Cristiano. Carlos Julio y yo, por mi cercanía con los Toro, entramos a un auténtico club político llamado Integración Republicana, en donde estaban, entre muchos, Elías Toro, Isaac J. Pardo, Rafael Vegas, Martín Vegas, Manuel Rafael Rivero. Y nosotros. Aquel club buscaba la unidad nacional, y trató de que todos los partidos apoyaran a un candidato único, que sería el doctor Martín Vegas. Esa idea fracasó. Acción Democrática, Copei y Unión Republicana Democrática prefirieron medirse, aunque previamente firmaron un acuerdo, el Pacto de Punto Fijo, que los obligaba a apoyar en el parlamento a quien ganara las elecciones. Desafortunadamente también acordaron repartirse los cargos burocráticos en el nuevo gobierno, pero eso es harina de otro costal. Las alecciones las ganó Rómulo Betancourt, segundo quedó Wolfgang Larrazábal y tercero Rafael Caldera. Pero me estoy desviado demasiado de lo que quiero contarles. Dejemos de lado la política. En diciembre el 4, de 1959, se casaron mi hermana Carlota Emilia y Carlos Armando Figueredo. Y en la fiesta de matrimonio yo lancé un estupendo discurso en contra del matrimonio. Pocos días después, asociado con Santos Eduardo Escobar y otro amigo, compré una pequeña imprenta para editar apuntes y tesis para estudiantes universitarios. Y el 14 de diciembre, luego de un día de ensayos para poder manejar la pequeña imprenta, se presentó en mi casa Santos Eduardo Escobar y me ordenó que me bañara y me vistiera, porque ese día llegaba de Europa Natalia López Arocha y él, que estaba unilateralmente enamorado de aquella niña, quería que yo la conociera y lo ayudara a convencerla de que no se metiera a monja (que era el plan de vida de Natalia) y atendiera a sus reclamos de galán enamorado. Así, el 14 de diciembre de 1959, cerca de las siete de la noche, Santos Eduardo me dejó en la casa de los López Arocha, en los Palos Grandes, en donde había una auténtica fiesta llena de gente que yo no conocía. Él se limitó a dejarme allí, abandonado, sin dinero y un tanto desconcertado. Poco después, María Teresa me presentó a su hermana recién llegada. Y en ese mismo instante cambió mi vida. Ya no tendría que vivir en dos o tres planos a la vez, sino en uno solo. Salve, amigos. |