Abstención Militante Hace once años y una semana del "Caracazo", síntoma gravísimo que ha debido alertar a los venezolanos acerca de lo que se nos venía encima. El país estaba cansado de la politiquería, pero los politiqueros, lejos de aprender, se empeñaron en sus aberraciones. Así, los dirigentes de la menguada Acción Democrática, lejos de apoyar al gobierno de Pérez, lo dejaron solo y empezaron a decir en silencio que había que tumbarlo. Caldera hizo lo que todos sabemos que hizo: siguió abiertamente la corriente de la demagogia, con lo cual obtuvo su pírrica victoria del 93 y quedó en la Historia como su propia y algo obscena caricatura. El gran beneficiario fue un comandante golpista, simpaticazo, campechano, charlatán y abiertamente impreparado, intelectualmente deshonesto y dotado de la famosa viveza criolla que tanto daño le ha hecho al país en el pasado y en el presente. El tal comandante golpista llegó hasta a ganar las elecciones del 98, en las que el 90% del electorado mandó a la mismísima a los adecos y a los copeyanos, que tuvieron las santísimas de poner de candidatos a un anciano ignorante y chillón y a una ex - Miss con la cabeza llena de cucarachas albinas. Allí el país se embarró de MVR. El filósofo danés Kirkegaard solía decir que la vida sólo se entiende hacia atrás, pero hay que vivirla hacia delante, algo que en este caso se aplica hasta la saciedad. Cuarenta años antes de que el golpista ganara las elecciones hubo un precedente que muy poca gente tuvo la capacidad de ver: en las elecciones de 1958 otro militar, el marino Wolfgang Larrazábal, apareció ante las mentes simples como el que tumbó a Pérez Jiménez, y era tal el repudio universal hacia el regordete y amigo de lo ajeno dictador, que Larrazábal, al comenzar la campaña electoral, tenía la primera opción; sólo que se le atravesó un lince corrido en mil plazas, Rómulo Betancourt, que terminó elegido Presidente en diciembre del 58. Cuarenta años después era tal el descrédito de Acción Democrática y Copei, que el hombre que apareció ante las mentes simples como el que los apartó del poder, ganó las elecciones, y a Venezuela le pasó lo peor que podía ocurrirle: caer en manos de un gobierno absolutamente incapaz, formado por gente incompetente y sin norte, cuya ideología puede resumirse sin duda en tres palabras: bla, bla y bla. Sin embargo, hay que reconocer que el sujeto tiene ángel y es muy distinto a Larrazábal, que no tenía prácticamente nada en la bola. Luego de un año de no hacer otra cosa que hablar y mentir, citar libros que no ha visto siquiera, denostar contra el neoliberalismo cuando practica un neoliberalismo burdo, anunciar una revolución que no tiene la más mínima intención de hacer, gozar del poder y sus ventajas como casi nadie lo había hecho antes, crear desconfianza como para que ni un solo inversionista extranjero o criollo quiera arriesgar un céntimo en Venezuela y, sobre todo, hacer el peor gobierno que haya conocido Venezuela en su historia, sus índices de popularidad, sobre todo entre las mentes débiles, siguen siendo altos. Eso es deplorable pero comprensible, no sólo por ese fenómeno parecido al de Larrazábal en el 58 y por la evidente torpeza de adecos, copeyanos y neoadecos y neocopeyanos que crean nuevos partidos idénticos a los viejos partidos, sino porque el sujeto es cómico y hasta divertido, y a las masas como que les gustan los cómicos y los gracejos, por muy dañinos que sean. Lo que no es comprensible es que personas inteligentes, dignas, que hasta hace nada habían mantenido vidas verticales, sigan creyendo en un personaje que nos ha engañado a todos, que hizo unas cartas horribles en las que citó, desde luego que sin haberlo leído, a uno de las grandes teóricos del nazismo, que hizo todo tipo de trampas en los procesos electorales del 99, que el 15 de diciembre con su actitud irresponsable prefirió buscar votos para su horrible constitución a salvar miles de vidas, que ha demostrado que está engolosinado con el poder y no ha hecho otra cosa que hablar y hablar y hablar y que por perezoso y por impreparado se ha convertido en el peor presidente de la historia de Venezuela. Eso da dolor, pero es un hecho, como es un hecho que está rodeado de viejos políticos inescrupulosos y tramposos que están preparando un megafraude para el 28 de mayo. Y allí es donde hay asumir la verdadera responsabilidad y practicar la abstención militante. No se trata de no ir a votar, sino de ir a votar y no votar por nadie, y hasta escribir en las boletas la palabra NULO (que puede ir con un lapsus calami y poner una "c" en lugar de la "n"), para que él y a sus amigos fraudulentos sepan que todavía hay en Venezuela quienes no se dejan engañar. |