El cambio viene con Arias En la campaña electoral de 1968 el slogan de Copei, de Caldera, fue "El cambio va". En ese momento el cambio era algo elemental, carente de toda profundidad: se trataba de sacar a los adecos del poder para poner a los copeyanos. Leoni (AD) tuvo ministros, como el de Hacienda (Andrés Germán Otero) o el de Relaciones Exteriores (Ignacio Iribarren), muy valiosos, pero en otros ramos, como el de la represión, tuvo fallas terribles e injustificables que no lo van a dejar bien parado ante la historia. Sin embargo, no fue eso lo que determinó el triunfo de Caldera, y por lo tanto el aparente logro del cambio superficial. Lo que lo determinó fue la división de Acción Democrática, que permitió que Copei ganara las elecciones por treinta mil votos que, al parecer, no se dieron en las urnas sino en las actas. Y en la práctica el pretendido cambio fue un desastre. El gobierno de Caldera fue pésimo. Los vicios incubados en los gobiernos de Betancourt y Leoni crecieron, se hicieron insoportables en el de Caldera, y las virtudes de los gobiernos de Betancourt y de Leoni desaparecieron en el de Caldera. Los errores de Caldera fueron el caldo de cultivo de la impresionante recuperación de Acción Democrática y del triunfo electoral inmenso de Carlos Andrés Pérez, tal como los errores de Pérez fueron la razón del triunfo de Luis Herrera, cuyos errores garrafales llevaron a los triunfos sucesivos de Lusinchi y de Pérez, y a los intentos de golpe del 92 que tanto daño le han hecho al país y a su población. Desde el punto de vista del lenguaje, los autores del lema "el cambio va" no engañaron a nadie. "El cambio va", no "viene". "Va", se aleja, y se contrapone a "viene", que implica que se acerca, que se aproxima. Lo dijeron con claridad: el cambio va, se aleja, se retira, se pone cada instante más distante de nosotros, es decir, para nosotros no lo hay, como en efecto no lo hubo. En 1998 volvió a aparecer la palabra "cambio", ligada al candidato Chávez, y sí lo hubo, pero para peor. El país está mucho peor que en los tiempos del puntofijismo. Hay menos progreso material y hay más corrupción, más descaro, más desfachatez. El "entorno íntimo" de Chávez es más rapaz que el de Lusinchi, más deshonesto, más tramposo. Se sabe que están cobrando un quince por ciento (15%) en efectivo por los contratos que "otorgan". Allí está el caso de la imprenta "micabucha" que ha recibido miles de millones de bolívares del gobierno aunque no tiene ni siquiera maquinaria apropiada. Se habla también de contratos mil millonarios dados a dedo a otro barinés para recoger los escombros del litoral central. Y hay muchísimos otros casos, como el de la tubería del Boulevard El Cafetal, que se reventó a los cuatro días de instalada porque se usó material de quinta y fue una excusa para que los de Quinta República se pusieran en un quinto, un 20% de lo que el pueblo pagó. Y como ese hay muchísimos hechos más, que dejan al gobierno de Chávez como uno de los más corrompidos de la historia. Para distraer al electorado se acusa a los comandantes de traidores cuando los de Quinta son los traidores por antonomasia. Han traicionado la confianza de la mayoría del pueblo venezolano, han traicionado la revolución, han traicionado la memoria de Simón Bolívar, han traicionado los valores de la patria y hasta han traicionado hasta sus propias palabras. Por la boca muere el pez. Todo ello significa que ahora sí se hace indispensable un cambio. O hay un cambio, o Venezuela se hundirá para siempre en el pantano del fracaso. Eso es algo que nadie puede discutir de buena fue. Lo discutirán los que están haciendo negocios sucios desde el poder. Lo discutirán los que tienen cargos con jugosos sueldos y automóvil y chofer, que no les importa dañar al país. Pero nadie de buena fe puede discutirlo: Venezuela necesita un cambio, y el cambio debe venir cuanto antes. Ya, ya, ya, ya, ya. Hay quienes quieren que ese cambio lo haga un civil. No, en este tiempo, en este ahora, sólo puede hacerlo un militar retirado, que tiene encima la carga de haber participado en el golpe del 92, pero que después ha demostrado una gran sensatez, a diferencia del Sabaneto. El tiempo se nos viene encima. Si la maldad de Chávez y los suyos sigue dañando el país, vamos a quedarnos sin país muy pronto. Necesitamos un cambio auténtico, cierto, verdadero, y el cambio viene con Arias. |