Adecos, copeyanos, ñángaras y fascistas: chavistas. Venezuela, desde el desgraciado 13 de enero de 1830, cuando echó por la borda las ideas de Bolívar y, de paso, asesinó moralmente a Bolívar, nunca ha conocido la democracia. La prédica demagógica y barata de Chávez de hablar de "cuarenta años de puntofijismo" no tiene nada que ver con el sistema democrático, ni a favor ni en contra, y no pasa de ser una aplicación simplista y militar de los consejos de su asesor neonazi, el tal Ceresole, que a su vez se basan en las ideas, si se pueden llamar así, expresadas por Adolf Hitler en su libro Mein Kampff, especialmente en lo relativo a la propaganda política, que debe ser simplísima, repetitiva y limitada a un par de ideas que el lumpen proletariat pueda entender y hacer suyas. El país apenas conoció (relámpago extasiado entre dos noches, como habría podido decir el gran poeta venezolano, Vicente Gerbasi) algo parecido a la democracia, en los diez años de Betancourt y de Leoni, pero nada más que algo parecido. Sus gobiernos se vieron dañados por la violencia generada por perezjimenistas y ñángaras, que a su vez generó la violencia de la represión. Pero peor que esas violencias es el hecho de que los partidos políticos, que son algo absolutamente indispensable en el sistema democrático, fueron leninistas, y hasta stalinistas, lo cual impidió del todo que el pueblo venezolano llegara a saber y a disfrutar un auténtico sistema democrático. Ni AD, ni Copei, ni URD, ni, naturalmente el PCV, escaparon a esas tendencias centralistas y totalitarias, además de militaristas. El MEP, el MAS, la Causa R, el PPT, Convergencia, en fin, los partidos que aparecieron después, varios de ellos como fruto de divisiones de los existentes, y la más reciente joya de ese escaparate de joyas horribles, el MVR, jamás se plantearon otra posibilidad: también utilizaron los esquemas de Lenin y Stalin, con lo cual remacharon la negación de la democracia a que se ha visto condenado el pueblo venezolano. El resultado de esa negación (se la veía venir, calladamente, habría dicho otro gran poeta venezolano, Pedro Francisco Lizardo) es lo que está padeciendo Venezuela en la actualidad: un partido absolutamente fascista formado por adecos chiquitos, copeyanos, ñángaras y fascistas, ha tomado el poder, y su tendencia es claramente militarista y no democrática, aunque cacaree una tolerancia a la crítica que a veces, como ha sido el caso de la agresión a La Razón y la agresión a Teodoro Petkoff y las presiones sobre otros medios de comunicación social, no resiste un análisis serio. Pero, atención, lo que ha ocurrido tiene su lado positivo. Se han reunido en una misma olla podrida los adecos chiquitos, los famosos urredistas que te robaban las medias sin quitarte los zapatos, los trasnochados comunistas ortodoxos de los sesenta, los copeyanos que fueron los falangistas de Venezuela en los años cuarenta, los ñángaras que con su falta de visión hicieron imposible una auténtica revolución, los perezjimenistas que les robarían a los urredistas las medias que se robaron, y todo tipo de bicho maligno, de origen bovista y paecista y, por lo tanto, antibolivarianos. Ese partido militarista (que es algo que a Bolívar le horrorizaba), concentra todo lo que es antidemocrático en Venezuela, y siguiendo los sistemas de Adolfo Hitler pasados por el filtro del Che Ceresole, ha logrado encandilar por algún tiempo al lumpen y a muchísimos venezolanos. Pero eso cambia de color si entendemos que es un nuevo capítulo de la misma novela, porque jamás, y hay que repetirlo, jamás, ha habido partidos genuinamente democráticos en el país ni el país ha podido conocer lo que es una verdadera democracia. Conoció algo que no estaba lejos, que hasta podía tener algunos elementos formales de democracia, repito, con Betancourt y con Leoni, y también podría decirse, estirando algo las cosas, con López Contreras y Medina, y pare de contar. Negarlo, es negar la historia, la evidencia, la verdad. Eso nos permite llegar a una conclusión: los cuarenta y dos años de dominio de las cúpulas podridas, que incluyen el de la cúpula chavista en el que ha gobernado un partido militarista, formado por adecos, copeyanos, ñángaras y fascistas, no han sido cuarenta y dos años de democracia, sino de falsa democracia. Hoy, es necesario buscar la democracia auténtica, que enfrente al partido militarista, llamado "Polo Patriótico", con un planteamiento verdaderamente democrático, civilista y civilizado, en el que haya la suficiente honestidad como para ser honestos y la suficiente democracia como para ser democráticos. Así de simple. Pero hay que dejar de lado la ambición, la cobardía y la deshonestidad intelectual que caracteriza a los adecos, copeyanos, ñángaras y fascistas que se reúnen en ese circo de mala muerte que llaman chavismo. Y, sobre todo, hay que organizar un partido cívico y democrático para trabajar por el país, por el pueblo, por el porvenir. |