La Anti-Revolución, o Nos Equivocamos. Por segunda vez, y en fila, dejo de lado mi propósito de no escribir más nunca sobre política o actualidad, porque hacerlo contamina. Podría decir en mi defensa que, según Unamuno, solamente los necios no se contradicen tres veces por día. Pero no es así. Lo que ocurre es que la situación del país, la situación a la que está llevando el país el personaje que ocupa la Presidencia de la República, es tan grave, que hay que hacer algo. Hay que gritar, hay que llamar la atención, para no sentirse después cómplice de este horror. De nuevo quiero aclarar que no estuve entre los que satanizaron a Chávez. Al contrario, quise creer que en él, a pesar de su falta de condiciones, de su evidente falta de formación, de su impreparación y de su inconsistencia, podía haber una esperanza. Sobre todo si se le comparaba con los otros que fueron presentados a la consideración del electorado: un ex-gobernador que no ofrecía otra cosa que continuar con lo gris de Copei y Acción Democrática, una ex-miss carente de la más elemental preparación, un pretendido caudillo, anciano e ignorante, que era una falta de respeto al electorado y varios candidatos que no pasaban de comparsa (aunque dos de ellos eran bastante más serios que todos los demás). En fin, Chávez, con sus graves defectos (que aún no se habían manifestado del todo), por lo menos parecía tener un proyecto político. No era ilógico pensar que se le podía dar una oportunidad. Hoy, los hechos demuestran que no se le ha debido dar oportunidad alguna, porque ni siquiera llega a los niveles de Ignacio Andrade o de Julián Castro o de Cipriano Castro, con quienes bien se puede comparar. Habla demasiado y no tiene ni siquiera coherencia. Intelectualmente es deshonesto y hasta cita autores que ni conoce. Escribe demasiado mal. Y, sobre todo, está comprometiendo el presente y el porvenir del país con su sarta de disparates. Los más recientes son la absurda agresión al Fiscal General designado y las decisiones demagógicas y anti-revolucionarias de no eliminar el Seguro Social ni aumentar el precio de la gasolina. La agresión al Fiscal entra en la misma categoría que el ventajismo y el abuso de poder para apoyar candidatos a su degradada Constituyente. Usa la fuerza, actúa a la macha, porque no tiene razón. E incita a la población a delinquir, puesto que si el Presidente de la República ignora deliberadamente la legalidad, todo el mundo puede ignorar deliberadamente la legalidad. La negativa a eliminar el Seguro Social y a subir la gasolina, no son otra cosa que claras demostraciones de oportunismo, de demagogia y de facilismo. Con esas decisiones se favorece a treinta o cuarenta mil personas y se perjudica a veinticuatro millones, entre las cuales, paradójicamente, están las mismas treinta o cuarenta mil favorecidas. Y la verdad es una sola: Chávez y los chavistas se han convertido en más de lo mismo. No se atreven a ponerle el cascabel al gato. No quieren cobrarle impuestos a los que pueden pagarlos, para no perder el favor de los poderosos económicamente, y por eso ponen a pagar a todo el mundo con el IVA y el débito bancario. No se atreven a hacer una revolución, porque lo que les interesa es el poder. El disfrute del poder. Y están acabando con el país. En definitiva, ahora hay más adecos que nunca, pero no de los buenos, que también los hubo, sino de los chavistas, que son los más corrompidos, que son los que quisimos sacar de la escena cuando votamos por Chávez. Y nos equivocamos. |