Ledezma, Fermín y otras rémoras Antonio Ledezma, para goce y disfrute de Chávez y sus tiralevitas, se lanza al ruedo sin darse cuenta de que está sin pantalones. Y Claudio Fermín, que no tiene calzones ni chaquetilla, abre un nuevo viejo partido político que con diferentes excusas se prepara, también, a legitimar la barbarie y a suicidarse en colectivo, como las ballenas locas. Lo de Ledezma es lamentable, pues se dispone a convertirse en ratón de serpentario, sin darse cuenta de que ni los ratones de serpentario ni él pueden sobrevivir a la primera mordida. Y al hacerlo le da vida al Bucaram de Sabaneta cuando lo sensato sería dejar que se cocine en sus propios disparates, pero de forma tal, que se pueda medir su fracaso. ¡Por Dios, Ledezma, no cometas la torpeza de convertirte en simple rémora del Primer Pelotero de la República! Es triste imaginarte adherido a la piel del tiburón, chupando y molestando, pero dándole vistosidad y más poder. No lo hagas, no caves tu propia tumba en el cementerio marino ni permitas que se burlen de ti, como se han burlado, pública y abusivamente, de Ignacio Arcaya. Hazte respetar, pero como hombre de visión, que como candidato derrotado por paliza, y que para colmo sirvió de tonto inútil, te van a tocar los glúteos en cualquier plaza de pueblo Lo de Fermín no es menos lamentable, pues aunque pudiera parecer que va por el camino correcto al fundar un partido que por simplemente democrático se convierta en la alternativa a la olla podrida de adecos chiquitos, copeyanos, ñángaras y fascistas que es el mal llamado "polo patriótico", lo hace con caras demasiado vistas en momentos feos, demasiado parecidas a AD y Copei, demasiado cargadas de fracasos muy recientes. Salvo por Alonso Palacios, que es un intelectual y aporta una frescura que casi todos los demás ahogan, un poco por Diego Bautista Urbaneja, cuyo resbalón irenista que huele a pachulí no ha logrado opacar del todo al analista inteligente, y un poquito por Carlos Blanco y Miguel Rodríguez, que tienen suficiente talento como para hacerse perdonar sus vaivenes, los que están allí, más que conformar un "Encuentro Nacional", parecen formar un "Reencuentro Adecopeyano" que le da una base sólida al tercio aquel para seguir con su fijación anal del "puntofijismo" y las "cúpulas podridas" y todas sus fruslerías verbales con las que hasta ahora ha logrado hipnotizar a buena parte del tal soberano, que más que soberano se presenta como masa extraviada y digna de aquellas famosas descripciones de Saher-Masoch, tal como las masas que aplaudían a Adolf Hitler en la horripilante década de los años treinta. Pero aclaremos: la sola presencia de connotados adecos y copeyanos en ese "Reencuentro" no es lo peor. Lo peor es que se caiga en la tentación de participar en la reelección continuista, la pretendida "relegitimación" del que quiere hacer trampas para ser presidente por trece años. Lo que hay que hacer es dejar al sujeto solo y no votar por candidato alguno a presidente o a gobernador, para que se pueda medir la abstención voluntaria y real al comparar el número de votos presidenciales y de gobernadores con los de las elecciones parlamentarias y municipales. Sobre todo en el nivel municipal sí que hay que participar activamente: el poder debe estar en los municipios, más cerca de la gente, y no en la presidencia de la república ni en el gabinete. Los hechos demuestran que el poder presidencial es un cáncer. Es la causa de casi todos los males del país. Es el foco de la atención de los demagogos y los orates. No hay sino que ver lo que está ocurriendo hoy, con la situación de los loquitos del "polo patriótico", simples chupamedias de un presidente, cuya dudosa honestidad quedó al descubierto con los dimes y diretes de los tres comandantes (o comadres, como los llaman ahora sus nuevos enemigos). Pero como solían decir los griegos, cuando los dioses quieren perder a alguien, primero lo ciegan. Y ese es el caso del soberano, de Ledezma, de Fermín y de otras rémoras que andan por la extraña realidad que nos ha tocado vivir en estos tiempos a los pobres habitantes de ese país petrolero y minusválido que ahora, como para burlarse de su más ilustre ciudadano, han dado en llamar "república bolivariana". El soberano sigue como embobado por la oratoria de circo barato del personaje que se ha convertido en el peor gobernante de la historia del país, y que después de un año de ¿gobierno? no puede en realidad exhibir un solo logro, como no sea el engaño colectivo a miles de personas que no se dan cuenta de lo que está pasando; y Ledezma, Fermín y otras rémoras se empeñan en cohonestar con sus presencias sobranceras el inmenso fraude que preparan los chavistas, sin darse cuenta de que al hacerlo se convierten en cómplices del juego en un momento en el que la consigna debe ser: ni un solo voto para presidente ¡todo el poder a los municipios! |