Los Dos Países Los ciudadanos que en las elecciones a la Constituyente entubaron los votos, demostraron que son más leninistas que los adecos y los copeyanos corruptos, y que no tienen vergüenza de ninguna especie, como tampoco la tienen los adecos y los copeyanos, se quitaron las caretas y se han mostrado al país tal como son: se pusieron sueldos cercanos a los dos millones de bolívares por asistir a reuniones de tres o cuatro horas, como máximo, cuatro días a la semana. Eso es corrupción, pura y simple, tan corrupción como la de los adecos y los copeyanos corruptos (porque aunque les duela, también adecos y copeyanos que no lo son, y que no merecen el descrédito de los que sí lo fueron). Esa gente, chavistas, adecos y copeyanos corruptos, forman un país, que es el de la corrupción, la flojera y el facilismo, y es el que ha arruinado a Venezuela. Pero existe otro país, el de la gente que trabaja siete u ocho o nueve y diez horas al día, cinco o seis días a la semana, y que está formado en su inmensa mayoría por personas que no se han puesto sueldos cercanos a los dos millones, sino que tienen ingresos muy inferiores, pero suelen trabajar con gusto, con interés, con ganas de salir adelante y de que el país progrese. Ese es el país que ha sido robado por los chavistas, adecos y copeyanos deshonestos y tramposos, y que no merece el injusto trato que ha recibido del otro país. No hay duda de que la cabeza visibles, el jefe de el país corrupto, es el presidente de la república, el primer pelotero de la república, el hombre que imita a Juan Domingo Perón y a Benito Mussolini con sus fastidiosísimos discursos desde el balcón del pueblo, que él ha convertido en el balcón de la trampa. El país honesto, el de la gente que trabaja de verdad, que no se pone sueldos millonarios por reunirse a fingir que se trabaja, no tiene jefe, no tiene cabeza visible ni tiene organizaciones leninistas ni partidos políticos ni nada que se le parezca. Y hasta ha mostrado el más absoluto desprecio por la política, razón por la cual le ha dejado el campo libre a los del otro país, a país de los que se ponen sueldos millonarios por vagar, por ser corruptos, y que encima tienen la posibilidad de dañar a los que sí trabajan. Ese país corrupto, chavista, adeco y copeyano corrupto, corrupto hasta la saciedad, corrupto y corruptor, tiene que desaparecer tarde o temprano, porque es demasiado injusto que anule los esfuerzos de los del otro país, los que sí trabajan, los que quieren a sus hijos y a sus nietos y se esfuerzan por ganarse la vida honradamente, con trabajo, con verdadero trabajo y, sobre todo, con esfuerzo, con fe en el porvenir a pesar de todo. No sé cómo, pero tiene que ser. No mediante creación de partidos leninistas, o de "Movimientos" que tratan de disimular sus verdaderos objetivos, que no son otros que el disfrute del poder y el abuso permanente. Ya los adecos y copeyanos corruptos recibieron su castigo, pero -zorros y camaleones al fin- muchísimos de ellos solucionaron su problema convirtiéndose, simple y llanamente, en chavistas. Chavistas, copeyanos y adecos corruptos son una sola y una misma materia. Son, pues, el país corrupto. Los demás forman el país trabajador. Aquéllos, desde que el primer chavista de Venezuela, José Antonio Páez, mató a Sucre y a Bolívar y empezó a corromper el país, han dañado a los otros. Pero ya es hora de que esa tortura, esa ordalía, llegue a su fin. Nuestro pobre país ya no soporta tener en su territorio dos países. Y los no corrupto, los que trabajamos y no nos ponemos sueldos millonarios que pagan los demás, somos mayoría. Habrá que ver cómo se hace, pero hay que hacerlo. |