El Adiós del Padre Padilla El padre Padilla fue un famoso párroco de Petare que un buen día, hace unos cien años, se paró en el púlpito de la Iglesia del Dulce Nombre de Jesús y en tono airado dijo algo así como "ya me cansé de predicar contra los pecados de ustedes, y por lo tanto, he decidido que me voy para la mismísima mierda". Y ante las miradas atónitos de sus pecadores feligreses, se bajó apurado del estrado, caminó con paso firme y con la mirada fija en la puerta del templo, se montó en su mula y se fue para no volver jamás. Desde entonces han quedado varios dichos en Caracas relacionados con ese incidente: "me voy a donde se fue el padre Padilla", o "vete a donde se fue el padre Padilla", a los que a veces se le agrega el "que se fue en mula". A quienes hemos decidido denunciar a los fariseos, a esos que anunciaron una revolución que no van a hacer, los que están repitiendo, multiplicados, los vicios de aquellos que decían combatir en lo que resultó ser un "quítate tú pa'poneme yo", los tramposos y corruptos que antes se llamaban adecos chiquitos y copeyanos corruptos y hoy se llaman simplemente chavistas, lo que día a día nos sale del alma es irnos a donde se fue el padre Padilla, que se fue en mula. No seguir escribiendo sobre el personaje que está dañando al país y que tiene engañado a medio mundo. No seguir escribiendo sobre la masa de corruptos y oportunistas, adecos y copeyanos, que ahora son chavistas y están gozando una y parte de otra con sus cargos y poderes. Y acabando con el país. En mi caso, sé que tengo toda la razón. Que el personaje de marras no tiene capacidad para gobernar, y que ofreció una revolución que no va a hacer porque lo que le interesa es el poder por el poder en sí. Y su propia vanidad. No el presente ni el porvenir del país. Sé que él sabe que está engañando a casi todo el mundo (no a mí) al hacerse pasar por bolivariano cuando en realidad es paecista, antibolivariano, godo y tramposo. Sé que no tiene la más mínima intención de hacer una verdadera revolución ni nada que se le parezca, sino de figurar y disfrutar el poder. Ese personaje demostró que tiene audacia y capacidad para engañar a los demás, pero no el valor que se requiere para hacer una verdadera revolución y encarar las consecuencias. Pararse firme contra el viento y la candela, como lo hicieron -con distinta suerte- Fidel Castro y Salvador Allende. Este personaje no tiene ese temple. Lo que le gusta es hablar pistoladas y gozar con el mando. Besar viejecitas y niños al viejo estilo adeco, larrazabalista y de los copeyanos más falsos. Engañar a los incautos haciéndoles creer que les va a solucionar los problemas que no tiene la más leve intención de solucionar, porque sabe que no sabe gobernar. A algunos les dará unas planchas de zinc o unos sacos de cemento, tal como los otros chavistas, los que antes se llamaban adecos y copeyanos. Su "revolución" consiste en militarizar el país, y los militares no tienen formación para gobernar. Si entraron a la vida militar fue porque aceptaron renunciar a la vida civil. Y ahora, para corromperlos, les están dando los placeres de la vida civil combinados con los de la vida militar. Todo eso es demasiado fácil y no tiene nada que ver con ninguna revolución. Yo tengo que seguir en la liza, dedicado a trabajar honradamente, que es algo que los copeyanos y adecos, que ahora se llaman chavistas, no quieren hacer. Y por eso han arruinado el país. El país que pudo ser. Y no será mientras predominen los chavistas, que hasta hace nada se llamaban adecos y copeyanos y hoy engañan a todo el mundo. Yo he tratado de decirlo y sólo he encontrado incomprensión y desagrado. Por lo tanto, señores, todavía no me voy a donde se fue el padre Padilla. Aunque me temo, que como todos, ya lo estoy. |