Ahora sí, Adiós... Hacia fines de mayo apareció en La Razón un texto canallesco contra Ignacio Arcaya. Él no necesita que lo defiendan, pero, dada la bajeza de quienes lo atacan, rompí mi propósito de no escribir sobre temas de actualidad y publiqué un artículo en defensa merecida de Ignacio. De entonces a esta parte, he publicado varios sobre temas de actualidad, en los que he dejado sentada mi posición de rechazo a Hugo Chávez Frías. Me han acusado de antimilitarista, por señalar un hecho: el que llega a sub-teniente tiene que haber dejado en el camino la inteligencia crítica, porque para ser militar no se puede hacer otra cosa que someterse a ese régimen recto y vertical de humillarse ante el de arriba y humillar al de abajo, obedecer sin discusión y mandar sin aceptar que se le discuta. Por eso Simón Bolívar dijo "Es insoportable el espíritu militar en el mando civil", lo que demuestra que jamás habría aceptado que los chavistas se proclamen "bolivarianos". Se me ha acusado de todo, en buena parte por la conciencia sucia de los chavistas, que saben muy bien que lo que están haciendo no es una revolución, sino disfrutando el poder, y muchos de ellos practicando exactamente lo mismo que practicaron los más corruptos entre los adecos y los copeyanos corruptos. Pero tienen engañada a la mayoría. ¿Por qué? Porque el nivel de imbecilidad de los adecos y los copeyanos llegó a tal extremo, que cualquiera que se colocara como destructor de los adecos y los copeyanos podía contar con años de agradecimiento y de esperanza. Y eso es lo triste, que un militar impreparado fue el que quiso la suerte que estuviese allí, en el lugar preciso y en el momento preciso. No es imposible que aprenda, pero mientras aprende daña al país, y si de verdad tuviera un poco de honestidad intelectual, renunciaría, dejaría a alguien con preparación y se retiraría a un monasterio a culturizarse. Así no dirá disparates peores que los que decía su alma gemela, Carlos Andrés Pérez, que por lo menos no trataba de engañar a la masa fingiendo que había leído lo que no había leído. En resumen, el país ha caído en manos de lo peor. Estos adecos y copeyanos corruptos que se hacen llamar chavistas y que frustraron, como los ñángaras de los 60 (muchos de ellos, por cierto, ahora en al gobierno), cualquier posibilidad de revolución, están condenando al país a la ruina. Entre los que hoy mandan hay de todo, hay corruptos a granel, y hay hasta gente honrada, como Gómez Grillo, pero, parafraseando a Bolívar se puede decir que la probidad sin talento es dos azotes. ¿Y la revolución? Otro engaño. Ahora todo está cambiando para que quede igual: sigue la corrupción y vemos que empresaurios y banqueteros adulan al jefe de los nuevos adecos y copeyanos corruptos, como ellos mismos, y el jefe se deja adular y habla y habla y habla, peor que Pérez. Y los ricos cada día más ricos y los pobres cada día más pobres. Y Fedecámaras jala que jala. Y la Corte jala que jala. Y todos habla que habla mientras el dinero sigue pasando por la superficie y alejándose a toda carrera del país, que es una mina, pero para los norteamericanos y los europeos y los otros sudacas. La historia sigue su curso, sin cambiar. El Gatopardo. En definitiva, señores, aquí no ha pasado nada ni va a pasar nada, por eso no vale la pena escribir más nunca sobre política o actualidad, porque hacerlo contamina. En La Razón han vuelto a aparecer ataques contra Ignacio Arcaya, que se basan en que hay quienes no son capaces ni siquiera de entender una humorada de Ignacio. Pero también aparecen elogios, obviamente pagados, de Didalco Bolívar, que es la cabeza visible de uno de los centros de corrupción bolivariana y patriótica más notables del país. Y nada cambia, salvo las palabras. Y el país sigue empobreciéndose. Física, moral e intelectualmente. Y por todo eso, ahora sí, como el padre Padilla, me voy a la mismísima Quinta República. Y de allá, donde quiera que quede, quién sabe a dónde iré. |