Timoteo Cuando veo lo que está ocurriendo en la pobre Venezuela, no puedo dejar de pensar en la historia de un gran partido político que acaba de morir en manos de un personaje llamado Timoteo, que estuvo ligado al último rebuzno de los últimos adecos, cuando pusieron de candidato a otro personaje, semianalfabeta y chillón, que ni siquiera para jefe civil de un pueblecito perdido hubiera estado bien. Acción democrática fue en sus inicios un partido de auténticos intelectuales con inquietudes políticas. Su verdadero fundador fue Rómulo Gallegos, una de las pocas glorias verdaderas que ha tenido Venezuela. Gallegos venía con esa inquietud desde su exilio en España, en donde supo de la existencia de Acción Republicana, pero razonó que Venezuela había sido republicana desde 1811, y en cambio sólo había sido democrática, y no del todo, desde 1935, por lo que ideó el nombre Acción Democrática. Lo acompañaron directa o indirectamente Mariano Picón Salas, Andrés Eloy Blanco, Enrique Bernardo Núñez, Lucila Palacios, Vicente Gerbasi, Carlos Gottberg, José Francisco Sucre, Juan Liscano, en fin, varios de los poetas, escritores e intelectuales más importantes de su momento, y se le sumó un personaje que entonces también quería ser intelectual y que a la larga demostró ser el político más sagaz de su tiempo: Rómulo Betancourt. En 1945 la historia hizo de las suyas: Isaías Medina, aunque hizo un gobierno muy bueno (en el que estuvo más de un discípulo y amigo de Rómulo Gallegos, como fue el caso de Rafael Vegas), paradójicamente resultó un muy mal gobernante por su empeño en que la presidencia tenía que estar en manos de un tachirense y no había que hacer ciertas concesiones (Medina tenía en su escritorio un retrato de Mussolini, lo cual demuestra que fue impulsado por las circunstancias a actuar como demócrata, y que no me vengan con el cuento de que esto no es cierto porque yo lo sé de fuente innegable). El caso es que Medina fue apartado del poder por un golpe de estado y se inició el llamado trienio adeco, que fue parecido a lo que estamos padeciendo hoy, un desastre, porque muchos adecos creyeron que podían hacer una auténtica revolución y cayeron en los niveles más absurdos de demagogia y oportunismo, para vergüenza de los intelectuales. Luego vino el derrocamiento de Gallegos, a quien los politiqueros que se habían hecho mayoría en AD y odiaban a los intelectuales, dejaron solo, y después llegó el perezjimenato, la dictadura de un militar ladrón y criminal, que fue expulsado del poder por presión popular el 23 de enero de 1958. Y después de un régimen de transición, ganó las elecciones y gobernó por cinco años Rómulo Betancourt. Atacado y atosigado por la extrema derecha y la extrema izquierda, Betancourt hizo todo lo que no hizo Medina y logró estabilizar la democracia, por lo que pudo entregar al poder a Raúl Leoni, también de Acción democrática, quien debió soportar, como Gallegos aunque en menor grado, las estupideces de los adecos chiquitos, politiqueros y enemigos de los intelectuales, que dividieron AD. Leoni entregó el poder a Rafael Caldera, jefe de Copei, un partido que prácticamente no tenía intelectuales sino politiqueros, y allí empezó el proceso de descomposición de la democracia, no por el Pacto de Punto Fijo, que fue útil y necesario para la consolidación de la democracia, sino por la falta de auténtico espíritu democrático que empezó a predominar en Acción Democrática, cada día con menos intelectuales y más politiqueros, y en Copei, que siempre tuvo muy pocos intelectuales y muchos politiqueros. Ambos, AD y Copei, además de permitir la corrupción, demostraron su desprecio por la democracia al dejar de lado cualquier sistema de elección de sus candidatos que tuviera que ver con la decisión de una mayoría, y así llegaron a sus respectivos finales, lo cual fue aprovechado por un militar demagogo e intelectualmente nulo y deshonesto para iniciar una falsa revolución. Copei, al hacer candidata en las elecciones del 98 a una ex - Miss cabeza hueca e impreparada, le puso fecha cierta a su muerte, y Acción Democrática hizo lo mismo al poner como candidato a un ancianito chillón e ignorante. Y ambos le dejaron libre el camino al militar demagogo que cita libros que no ha leído e insulta a los intelectuales, porque no es sino un simple politiquero. Da lástima ver que ese militar tenga el mismo puesto que alguna vez ocuparon hombres de la talla de Eleazar López Contreras y Rómulo Betancourt, y a mí no me queda más remedio que pensar que la culpa es de Timoteo. No por razones políticas, sino por una copla que alguna vez escuché en mi infancia, allá en Ciudad Bolívar, y que decía así: Timoteo tenía un burro que se echaba mucho peo, y cuando el burro sonaba resonaba Timoteo. |