¡Viva la Sexta República! Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y honestidad tiene que sentirse indignada ante la realidad venezolana del año 2000. Y eso, en el caso de un escritor en un país que desde hace setenta años ha perdido su conciencia, generalmente representada por los escritores en el resto del mundo, se potencia hasta lo infinito. Mucho más cuando hasta se le falta el respeto a los intelectuales llamándolos analfabetos. Simplemente, Venezuela está en manos de gente que no tiene ni talento ni honestidad intelectual. Gobierna un grupo de ineptos, que por negligencia criminal, por preferir un plebiscito a la salvación de miles de personas, o por incapacidad intelectual y física, causó la muerte de veinte o treinta o cuarenta o cincuenta mil seres humanos entre el 15 y el 16 de diciembre de 1999, y que por pura y simple incapacidad intelectual, permitió que después del desastre surgiera el más horrible de los vandalismos, pero luego alentó que se asesinara a los saqueadores sólo para negar después la evidencia y hasta acusar a quienes denunciaban los hechos de actuar de forma superficial y otras lindezas por el estilo. No conformes con el genocidio, los revolucionarios de boquilla aprovecharon la confusión para dar un golpe de estado contra la democracia y poner en puestos claves a una serie de desconocidos, pero incondicionales de su revolución de estómago y papel. Bailaron una danza grotesca sobre los cadáveres del Sí. Todo eso es, simplemente, un insulto a la inteligencia y a la honestidad. Como lo es el pretenderse "revolucionarios" cuando no pasan de charlatanes de feria, cuyas mayores acciones "revolucionarias" son la actitud de quemalibros y fascistas adoptadas ante las leves críticas que a su desgobierno lanzaron hombres del valor intelectual y la cultura de Manuel Caballero y Mario Vargas Llosa. ¿Cómo es posible que la política venezolana haya llegado a tal grado de indignidad? ¿Cómo es posible que un país pueda ser "dirigido" por ineptos y deshonestos, que para colmo llegaron a donde están proclamando que apartaban del poder a otros ineptos y deshonestos, que ahora imitan? ¿Cómo es posible que no brote, frente a esa realidad terrible, denigrante e infame, un movimiento formado por personas honestas que pueda acabar con el engaño de circo a que se tiene sometido al alguna vez bravo pueblo de Venezuela? Es posible y ocurre. Y algo hay que hacer. Por lo pronto, desde ya proclamar la necesidad de una Sexta República, que acabe con el esperpento que llaman "constitución bolivariana", aunque con alguna razón ya mucha gente llama "la pavosísima" o "la malparida", una pésima constitución, llena de errores gramaticales y de disparates, que entrará a la historia como uno de los textos constitucionales más mediocres y menos felices que ha conocido la humanidad, si no es el más mediocre y menos feliz que pueda conocer la humanidad, y cuyos redactores deberían ser encerrados de por vida, por no en una cárcel, sino en un zoológico. Hay que organizar un movimiento auténticamente revolucionario, por genuinamente democrático y honesto. Que prepare una verdadera revolución, que no es una matachina ni un tiempo de cortar cabezas, sino simplemente un proceso que nunca, jamás, se ha cumplido en Venezuela: un buen gobierno, un gobierno sensato, formado por gente honesta, que no mienta ni abuse del poder, que trabaje en bien de la población, y no para llenarse los bolsillos o cumplir ambiciones bastardas, como ha sido el caso de los últimos ciento setenta años, contados desde el 13 de enero de 1830. La revolución auténtica es hoy, más que un sueño, una necesidad, porque si siguen estos sujetos al frente de la república, tal como si hubieran seguido los que estaban, el pueblo entero va a convertirse en campo del hambre, en terreno de la más espantosa miseria, en estiércol de la Quinta República. Hay que empezar, pues, por abandonar la pereza y la comodidad, sacarlos, no por la violencia, sino con votos, y entender que en lo que van a dejar de país estos infelices, no hay ni revolución ni evolución posibles. El país que estos sujetos van a dejar va a ser tan primitivo, que para salvar lo poco que quede y tratar de encaminar de nuevo la nación, no se puede pensar en izquierdas ni centros ni derechas, sino en unidad del pueblo, de los pueblos, de la gente, porque vamos a necesitar varios años para que el país se recupere de la acción depredadora de la Quinta República, y sólo cuando eso se consiga, podrá pensarse en cualquier cosa, pero por ahora, la única meta tiene ser la salida de estos ineptos y deshonestos, adecos chiquitos, copeyanos y fascistas, que ahora se hacen llamar chavistas. ¡Viva la Sexta República! |