Contra la Paranoia Por más de cinco años Chávez y los chavistas han actuado como enemigos del país y de su población. Han hecho lo posible por imponer el terror y han abusado del poder hasta lo imposible. Pero en definitiva no han podido imponerse a la voluntad de una sociedad civil que ha demostrado estar por encima de las instituciones y de la corrupción, que es el caldo de cultivo del chavismo. Y gracias a ese escudo, la pesadilla está a punto de terminar. Pero no va a ser sencillo, por supuesto, quitarse de encima el monstruo pegajoso que pretende permanecer en el poder. El monstruo apelará a todo tipo de trampas y triquiñuelas para quedarse en donde está. Y una de las más socorridas es la creación de miedo, para paralizar a esa sociedad civil que ha demostrado ser mejor que los partidos políticos y que todas las instituciones, buenas y malas, que existen en el país. Una sociedad paranoica puede paralizarse y permitir que los tramposos hagan de las suyas. Por eso hay que luchar con todas las armas contra la paranoia. Hacerle ver a todos los hombres y mujeres de Venezuela la realidad: Chávez y los chavistas son minoría, y a pesar de las trampas y los abusos, van a perder el Referéndum Revocatorio y van a salir del poder muy pronto. Uno de los trucos que están usando es el fantasma de la retaliación. Quieren que la gente crea que ellos pueden saber cómo se votó, y que después se vengarán de quien haya votado por el Sí, quitándole su trabajo y aislándolo hasta agotarlo. Es necesario que se le salga al paso a esa estupidez: el voto es secreto y nadie va a saber cómo votó cada quién. Y una vez que hayamos sacado a los tramposos del poder, no van a tener cómo vengarse de nadie y van a estar demasiado ocupados escapando de la justicia como para poder actuar en contra de nadie. Así que a otro perro con ese hueso. Otro de los trucos, para sembrar el derrotismo, es el de dar la impresión de que pueden hacer un gran fraude y, aun perdiendo como van a perder el Revocatorio, quedarse en el poder. Frente a eso hay dos hechos: se acaban de probar las maquinitas de votar, y los resultados no dejaron lugar a dudas. Funcionan. Ezequiel Zamora es un hombre perfectamente responsable y serio, con una experiencia en materia electoral como no la tiene ningún otro venezolano, y públicamente nos dijo, con gran valentía, que quedó satisfecho con el simulacro, y que aun cuando había votado en contra del uso de las maquinitas, reconoce que las maquinitas pasaron el examen plenamente. Si en alguien pueden confiar todos los venezolanos, es en Ezequiel Zamora, de modo que su palabra es más que suficiente para que todos podamos ir a votar el 15 de agosto plenamente seguros de que nadie nos va a escamotear nuestra voluntad de salir de la pesadilla. Pero, por si fuera poco, está y va a estar presente la observación nacional e internacional. Los observadores electorales no son idiotas, son, por lo general, personas con experiencia, y van a estar pendientes de todos los detalles. No van a permitir fraude alguno, como no lo permitieron en su momento en Nicaragua, por ejemplo. Si Chávez y los chavistas tuvieran la peregrina ocurrencia de querer desconocer la voluntad popular, no sólo se van enfrentar a la gran mayoría de los venezolanos, sino al mundo entero. A los gobiernos del mundo entero, que van a presionar con una fuerza irresistible a los tramposos y van a evitar el fraude. Así que ¡fuera todo pensamiento derrotista! ¡fuera toda forma de paranoia! La sociedad civil venezolana, y muy especialmente las mujeres venezolanas, han demostrado su valor, su constancia, su valentía, más allá de toda duda. Y frente a esa realidad los tramposos, Chávez y los chavistas, que en el fondo no son otra cosa que simples cobardes, van a tener que rendirse. Y es entonces cuando va a empezar la verdadera gran tarea de los venezolanos: recuperar un país que los tramposos han destrozado, pero sin volver a lo que fue, porque Chávez y los chavistas, los tramposos, en el fondo no son causa de nada importante, sino una lamentable consecuencia de la aberración de los viejos partidos y de los dirigentes cómodos y abusadores. Tan cómodos y tan abusadores como el mismo Chávez, que no es sino el mismo musiú con diferente cachimba. |