Estación de máscaras, de Arturo Uslar Pietri (Continuación) 3.Los protagonistas.
Desde el primer capítulo, el autor parece haber decidido que esta segunda novela de Laberinto de fortuna va a tener dos protagonistas; Álvaro Collado y Lázaro Agotángel, pero a la larga el verdadero protagonista seguirá siendo Álvaro Collado. Como dije en mi trabajo sobre Un retrato en la geografía, el modelo que Uslar Pietri usó para dibujar su Álvaro Collado fue Eduardo Casanova, yo. Pero no era un modelo nada sencillo. En aquellos días, entre 1958 y 1962, cuando se escribió Un retrato…, yo formé parte de un grupo de jóvenes intelectuales, componedores del mundo, en donde estaban María Antonia Frías (la joven pianista, hija de Carlos Eduardo Frías, el mejor amigo de Uslar Pietri, y de la escritora Antonia Palacios; María Antonia murió no mucho tiempo después a causa de una diabetes), María Elena Coronil (hija de los eminentes médicos Fernando Rubén Coronil y Lya Imber), Beatriz Gerbasi (hija del gran poeta Vicente Gerbasi), Alonso Palacios (hijo de Inocente Palacios, importante dirigente de la izquierda venezolana en tiempos de Gómez y de López Contreras), Antonio Padrón Toro (hijo del novelista Julián Padrón), Martín Toro (hijo del médico y humanista Elías Toro) y varios etcéteras notables. Quizás yo era casi el único que no era hijo de algún intelectual o de algún político o científico, y de hecho era casi el único que no tenía relación alguna con el "Sindicato de la Inteligencia", que era como se llamaba al amorfo grupo de intelectuales formado por Miguel Otero Silva, Isaac J. Pardo, Mariano Picón Salas, Alejo Carpentier, Inocente Palacios, Josefina Juliac, María Teresa Castillo, Elías Toro, Augusto Márquez Cañizález y otros etcéteras notabilísimos, y que a veces incluía a Arturo Uslar Pietri y Carlos Eduardo Frías. Nuestro grupo de jóvenes intelectuales se sentía "ala juvenil" de ese "Sindicato", y hasta editó un periódico llamado "Hontanar", que es donde nacen los ríos. Pero el Eduardo Casanova, modelo para dibujar a Álvaro Collado, también frecuentaba un grupo de jóvenes frívolos, que se reunían simplemente a hablar tonterías y a bailar en "picoteos", en fiestas de adolescentes sin complicaciones. Y también era parte de un tercer grupo que estaba a medio camino entre los otros dos, y que fue el origen de los "Araguatos" del partido socialcristiano Copei, y de la "Izquierda Cristiana" de los años 60. Además era amigo muy cercano de Arturo Uslar Braun, y como tal conversó muchísimas veces con Arturo Uslar Pietri, especialmente acerca de literatura y libros. Y de política. También, con Arturito, Reinaldo Figueredo y Federico Márquez, formó una pequeña pandilla que hizo más de una travesura en las noches caraqueñas, o estudió equitación, o estudió música. De modo que, obviamente, el modelo que escogió Uslar Pietri era complicadísimo y muy difícil de dibujar. Para colmo, en los últimos días de la dictadura de Pérez Jiménez, el modelo se integró a un grupo que realizó actividades muy cercanas a la guerrilla urbana y al terrorismo -lucha armada- que impresionaron mucho a Uslar Pietri, y que debe haber sido lo que lo llevó a colocar en manos de Álvaro Collado el revólver que puede haber matado al agente Lázaro Acotángel. Pero hay que acotar algo: entre 1962 y 1964, es decir, durante el lapso en que Uslar Pietri escribió Estación… el modelo cambió radicalmente y se centró en sí mismo, se casó con Natalia López Arocha, hija de unos antiguos amigos de Arturo e Isabel Uslar, pero que no tenía relación alguna con ninguno de los grupos en los que se había movido el modelo hasta entonces, y el modelo, además, tuvo sus dos primeros hijos y, en 1964, asumió un autoexilio que lo llevó a vivir cuatro años en Argentina y tres en Dinamarca, y quizás ese cambio radical sea la causa de que el Álvaro Collado de Estación... se aleje bastante del modelo, aunque también hay en la segunda novela un elemento nuevo: que Uslar Pietri empieza a ubicar en Álvaro Collado muchos elementos de sí mismo, dudas, ideas, pensamientos, casi todos ellos muy prudentes y con poca relación con la personalidad que le había atribuido a Álvaro Collado, con lo cual el personaje Álvaro pierde muchos de sus atributos y no pocas características.
Y ¿quién es Lázaro Agotángel? En Un retrato en la geografía, en el capítulo en que Álvaro está refugiado en la biblioteca de un anciano nominalista, al tratar de definir por su nombre a Lázaro, se desconcierta porque el apellido del personaje debe ser la deformación de Agatángel, que se relaciona con el mensajero, de modo que el nombre Lázaro, que fue el resurrecto, y la condición de mensajero, de portador del mensaje, hacen del hijo del policía muerto algo así como el resucitado (es el padre, policía, habitante de barrio marginal, que tiene una segunda oportunidad), portador del mensaje de un país nuevo, del país dominado por el petróleo, o por los efectos negativos del petróleo. Y es a ese complicado personaje a quien Álvaro Collado quiere redimir, quiere sacar de la oscuridad. Pero algo ha fallado y Lázaro, que fracasa como estudiante de la escuela de artes y oficios y como mensajero del bufete del cuñado de Álvaro, se convierte en un personaje nada recomendable, que tiene algo de la picaresca española y es capaz de cualquier tropelía, hombre a quien sólo le interesa el éxito material y, sobre todo, el poder, lo que nos dice que el país petrolero va muy mal, que los valores morales han desaparecido. Pues bien, el modelo de Lázaro Agotángel no es otro que Pedro Estrada, el todopoderoso amo de la Seguridad Nacional, a quien Uslar Pietri conoció cuando era algo así como mensajero de un banco, personaje subalterno y servil, y que supo trepar hasta llegar a ser uno de los amos del país en la triste década de 1950. Pero no es sólo Estrada, sino que hay en él otros sujetos, adulantes de los militares, despreciadores de la democracia, oportunistas, lo cual le da a la novela una especial vigencia por el tipo de gente que "se montó en el coroto" en Venezuela a partir de 1998.
Los otros personajes, salvo Sibila, la hija de Zulka Reyes, e Igor Pérez, en hijo de Oromundo Pérez, que aparecen por vez primera en esta novela, son los mismos de la otra novela, diez años mayores, pero más o menos con las mismas características.
3. La película.
Con Estación de máscaras Arturo Uslar Pietri logra plenamente lo que ya era el desideratum de Gabriel García Márquez: hacer una novela 100% cinematográfica, escribir una novela que a la vez sea una película. Los diálogos son eficientes y muy cinematográficos, las descripciones bien podrían ser acotaciones de un guión, hay primeros y segundos planos claramente definidos, hay juegos de iluminación, hay paneos, hay todo lo que caracteriza una muy buena película. Y la trama, el argumento de la película, se lleva a la pantalla con notable validez.
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